Trata de una reunión, una celebración, un arrejunte. Amor, alegría, fiesta… Y esto surge siempre en torno a una mesa. Comía, mucha gente, luces, juego, música… Pero en cada casa, en cada territorio, los platos son diferentes, los rituales cambian… pero el objetivo y lo humano se mantiene.
Y qué bonito ponerlos en común, hacerlo colectivo. Para que disfrutemos del sabor de un ajo campero, un couscous, o una sopa borscht; vestidos con un caftán, una toquilla o una pulsera gitana… Acompañados de nuestros animales y con la abuela presente, siendo muchas veces el pegamento de nuestras quedadas.
Un jardín donde lo diferente nos une, donde la curiosidad nos hace comunitarios.