«El agua que bebemos tiene millones de años. Ha sido lluvia, glaciar, acuífero, fuente, botijo, el agua con la que tu abuela fregó el suelo. Es la cosa más vieja que existe y sigue siendo lo más necesario. Vieja – y por eso imprescindible.»
El título no es solo un juego de palabras: es la declaración de intenciones del proyecto. Nada se tira, todo circula, lo cotidiano tiene profundidad. La memoria del agua no está en los libros de historia sino en los objetos de las casas, en los gestos de las manos, en los dichos que se repiten sin pensar.
El trapillo viene del trapo. Y el trapo tiene una vida antes de ser trapillo: fue camiseta de playa, fue sábana de siesta de verano, fue mantel familiar. Es un material que ya ha vivido, que tiene historia encima. Cuando lo tiendes en un telar, estás tejiendo con memoria acumulada.
Este proyecto propone mirar el paisaje hídrico de Benicàssim no como algo ajeno, sino como un sistema vivo y una memoria cotidiana que nos conecta. A través de un gran telar colectivo, tejeremos el ciclo del agua (desde el Desert de les Palmes hasta el mar) utilizando trapillo traído de nuestras casas. Es una invitación a unir ciencia, arte y saberes populares, donde las manos que tejen y las voces de nuestros mayores se encuentran para cuidar nuestra memoria líquida.