
La historia de la humanidad es la historia de los mundos que hemos imaginado. Solo entendiendo, como decía la activista y poeta norteamericana Muriel Rukeyser que «el mundo no está hecho de átomos, está hecho de historias», es que podemos comprender el entramado de mensajes en el que vivimos. Estas historias pueden ser usadas para el bien (construir mundos más diversos, complejos e inclusivos) o para el mal (construir mundos más individualistas, unívocos y coercitivos) pero lo que está claro es que tenemos que saber leerlas, desleerlas y releerlas porque nos constituyen, nos alientan, nos reconfortan, nos despiertan, nos sueñan, nos consuelan, nos inculcan miedos, nos educan y en definitiva nos hacen ser lo que somos.
